Monday, August 1, 2016

EN LA PLAYA DE LA SANTA VIRGEN


Saliste de la malla chispeante
de la ondulante marejada
tal como un dios desnudo;
el arco doble de tu pecho
se tallaba de sol y sombra. 

Tus piernas rompían el agua;
los prismas rutilantes
corrían por tus muslos;
tus dedos despedían
centellas de diamante. 

Serpientes embelesadas
de espuma te perseguían
hasta donde me encontraba
esperándote en la orilla.
Ellas silbaban tu nombre
cual locas enamoradas;
sus lenguas de amargo almíbar
me salpicaron la cara. 

Desde las piedras torcidas
y rotas de de la bahía,
la santa imagen tendía
los brazos hacia mí,  

¡Santa Virgen de las rocas!
¡Virgen Santa del rocío! 

con las manos devoradas
por los vientos y las olas,
y la vestidura rota
por el salitre incrustada . . .