Wednesday, December 28, 2016

UN ASCETA


                    (Mt. 10:38, 16:24)


Gracias te doy, mi Dios, por esta cruz,

relámpago que en mi pecho enterrado
me ha llenado de una luz interior,

dardo que en mi corazón hundido
ha encendido ahí un radiante dolor.

Y gracias por el fuego en el que yo ardo,
rosas las llamas son, y el humo espinas.

Gracias por el madero, la viga áspera y dura
que por la vía dolorosa de esta vida

arrastro—Gracias por la esencia pura
que rezuman mis llagas: mirra, nardo,    

incienso de punzante olor, fragancia divina
que destila cada gota de sangre que derramo…

Y por los clavos que me esperan, ¡gracias mil!
¡Mías sean las penas, la gloria sea tuya!

No me las quites nunca, aunque no me las merezca:
La ligereza, mi desnudez después de tal despojo,