Friday, December 3, 2021

EPIFANÍA de un joven difunto

EPIFANÍA de un joven difunto 

  para los padres… en lugar de una elegía

 

                            1

 

                 Yo:

           soy yo, soy

 quien fui siempre, quien

            siempre

                        seré.

 

He salido del turbio raudal

por el caracol del vértigo,

he dejado el río de hierro y sal,

he pasado por el lago de fuego,

he expulsado de mi boca la última bruma.

 

Mudo el cuerpo,

anónimo como el agua,

equívoco como el viento,

me he librado de las engranadas

destrucciones del reloj

para siempre, para nunca,

para siempre jamás.

 

 

                 2

 

Ya no existe el tiempo, cosa ilusoria;

no existe ni el deseo ni el dolor,

que son las formas de estar incompleto.

         Más allá del orbe de los objetos,                    

despojados de la esperanza y del temor,

se proyectan las agudas aristas

de las cosas, en cuerdas infinitas—

y todo se presenta con claridad total:

la piedra angular en cada grano de arena, 

las redes cristalinas de la sal

consteladas en el balanceo de la marea.   

 

No existe el cambio; nada se metamorfosea;

nada se transforma ni se transfigura—

los prismas rutilantes de la lluvia

que penden de hoja y espina,

los globos relucientes del rocío,

las aguas biseladas de lago y río,

son las que se deslizan, se deslizan 

hacia una morada obscura,

levantan cordilleras de blancura

fulgurante en la lejanía,

trazando columnatas de luz sonora—

        Todo se eterniza en pura trayectoria. 

 

 

                           3

 

En el telar que es la vida

se extiende la hebra escondida,

 

hasta que resalta breve

en la varonil figura

de un galán resplandeciente

y la dama a quien saluda.

El patrón de gallardía

y la imagen de hermosura     

se unen en la cortesía

que responde a la finura.     

 

¿Cuál es más real?  ¿El hilo

y no el tapiz infinito?

 

¿Quizá el tapiz, que trasciende

lo que en él está trazado?

¿Será el noble pretendiente,

y su gesto cortesano?

¿Quizá la imagen latente

dentro del espectador?

¿Será la idea presente

al secreto tejedor?     

 

¿Está la realidad

sólo en la totalidad?

 

 

                          4

 

Nota por nota

la melodía

trama en el corazón

su luminosa

epifanía,

y todo el anhelo y todo el dolor

se resuelven en amor.

 

¿Desde qué nada

o de qué ausencia

teje la melodía

la clara malla

de su presencia,

hasta urdir hilos de polifonía

en anunciada harmonía?

 

La nota sola

es del momento.

Hay algo más allá,

algo que brota

fuera del tiempo—

un todo, presente en la eternidad,

cuyo conjunto es la paz.

 

 

                          y 5

 

Yo soy el hombre, él mismo—

el mismo

que siempre seré,

tal como soy, tal como fui—

 

Así me lleváis en vuestros adentros,

como yo os guardo dentro de mí—

 

         porque somos eternos.